Las flores brotaban. Sobre los ariscos riscos, derriscos y derriscaderos, sobre las peñas, despeñaderos empeñados en despeñarse; sobre las sorprendentes pendientes desprendidas – herrumbe y derrumbre--, y, ¡claro!, en un claro de un sitio ceniciento, calcinado y asolado, desolado, sobrecogedor, soporífero y solo.
O aquí, donde una capa de huesos enriquecida y pulida por el constante trotar atolondrado, arremetía en tumulto imponente y despampanante contra el poniente.
Para los chicharrones más chéveres había sopa de chícharros; para los otros, solo la piltrafa de las nuevas pifias, infamias, fechas y fichas pestíferas junto con otras fechorías compiladas en afiches donde se nos decía que eso era la dicha.
Hasta la esperanza de parecer prisioneros de una opresión propia era cosa del pasado ya superado, desprestigiado y minimizado por el ruido – Mamá Grande que bramaba – de la nueva re-interpretación histórica y los autos de fe.
Pero ellas brotaban.
Había un basurero repleto de medallas. Un perro hechizado (y autorizado) escarbaba en el brillo… Hábiles y parsimoniosas, gloriosas y condecoradas, las ex putas rehabiliyadas manejaban, patrióticas, las potentes computadoras que a un adem’an de las ex putas computaban la cantidad de parásitos y putas que precipitadamente serían precipitados al patíbulo.
Tal como estaba previsto, las luces se proyectaron, artificiales, y el extenso arenal – antiguo mar – centelleó. PARA AUMENTAR LAS POSIBILIDADES DEL CONSUMO DISMINUER EL NÚMERO DE CONSUMIDORES, decían las electropancartas, agitadas febrilmente por las hordas-reagrupadas.
Ellos, la pareja, caminaron hasta la infinita extensión de arena centelleante. Vieron los fósiles agitándose – nadie podía dejar de moverse --, vieron al enemigo convertido en polvo. Y, como todos, escucharon los himnos gloriosos y contemplaron el ondeante mar de las nuevas banderas hondulantes.
この2-3ページは韻が多くて、語の選択が奇想天外です。
聞いたこともないような言葉も多く、辞書を引くのだけで大変。
Microsoft Excelで「ふたたび、海」用の単語帳を作っているのですが、600語を越えてしまいました...
Sobre los ariscos riscos, derriscos y derriscaderos, sobre las peñas, despeñaderos empeñados en despeñarse;
ソブレ ロス アリスコス リスコス
デリスコス イ デリスカデロス
ソブレ ラス ペニャス
デスペニャデロス エンペニャドス エン デスペニャルセ
También hasta ella, Mamá Única, ya enchunflada, sintonizada y ejecutiva, obstétrica y eléctrica, llegaron los estruendos de los himnos, mas, regulada y alerta, algo contradictorio creyó escuchar mientras sonaban los metales y las voces: La pareja seguía avanzando… Arrulladoras, las máquinas controladoras de receso oblicatorio sobrevolaban la ciudad apurando los pasos de los últimos paseantes apresurados, seleccionados para el paseo.
El cielo, cubierto de luminarias articifiales que exploraban, escrutaban, instigaban, hostigaban, denunciaban y anotaban, alumbrando y detectando – ellas brotando – decendió para ahorrar el consume de los costosos protectores, construidos y sostenidos gracias al heroico y constante sacrificio de todas las generaciones – aun las que no habían nacido.
También ellos, la pareja, bajaron. Se deslizaron en silencio por entre los escombros, previniendo, precabidos, un arma, un detector, un ojo avizor y revisor que podia recoger, captar, un simple parpadear, un imperceptible y comprometedor movimiento de labios, una palpitación imprevista y precipitada, un pestañear fuera del normal pestañeo que acompasadamente registraban las potentes registradoras regiamente manipuladas por las ex putas consagradas.
Cualquier detalle podía causar la filminación. Ya en la costa de El Antiguo Mar se sentaron. Unos pájaros – exactas copias de los para siempre extinguidos por los batallones constructivos – pasaron fulminativos. Ellos, los dos, apresurándose, se alejaban de la ciudad.
LAS ALGAS CÓSMICAS NOS ALIMENTARÁN. EL ÉXITO DE LOS EXPERIEMENTOS ES ROTUNDO. NADIE MORIRÁ DE HAMBRE. EL PUEBLO BIEN ALIMENTADO ADOCTRINADO Y ORGANIZADO Y DISCIPLICADO, MILITARIZADO SALUDA AL PRESENTE Y DETESTA EL PASADO, rezaba el comunicado que aullaban, unánimes y monótonas, las automáticas y monolíticas grabadoras concomitantes de alta tensión que operaban sin transición en el subconsciente de los durmientes, es decir, de todos los habitantes, menos en los dos que se alejaban y que ahora, decididos, atraviesan ya la explanada de aluminio exclusiva que perenne hiende el espacio para impedir la salida de quienes (como éstos) no están aún equitativamente dosificados, convencidos y ejemplarizados, es decir, plenamente integrados.
Pero ellos cruzaron y, milagrosamente, llegan ya a la Región de los Murmullos Centelleantes, allí donde los himnos reconcomitantes y alarmantes suenan aterradores y conminantes. DE LLAMA SON LAS PAREDES. DE LLAMAS SON LAS CONSIGNAS DEL INTEGRADO. DE LLAMAS SERÁ EL CUERPO DEL TRAIDOR QUE OSE TRASPASAR Y MANCILLAR LA DIGNIDAD DE ESTE LUGAR.
Pero ellos lo traspasaron. ¡HE AQUÍ LA PERDICIÓN DEL QUE ESTÉ DOMINADO POR LA AMBICIÓN!, decían las enormes letras colocadas sobre un cable de alta tensión.
¡ADVERTENCIA! Pero ellos continuaron. La Gran Madre, crispada y cromada, militar y peyorativa, enjoyada, dando un maullido abandona el sillón mullido e insulta a las computadoras aledañas que se restriegan sus metálicas legañas.
Todo el tráfico sideral se llenó de sollozos considerables. Pues las conscientes computadoras del subconsciente, captando la orden, la trabajaron, la revisaron y pulieron y, sin alternarla, en un sollozo la convirtieron.
Con tal propósito, el sollozo llenó el depósito de furor de los durmientes; depósito que, por orden central, siempre se deja abierto para que, aun en el sueño, se pueda practicar «la toma de conciencia activa» y borrar «las angustias represivas»...
La madre, monumental y marcial, agria y agropecuaria, ataviada de urgencia, efervescente y prepotente, salió a El Estrado de las Reverencias. Aún no se había iniciado la persecución.
Por lo que, neurótica y entronizada, ríspida y rimbombante, realmente embravecida y tajante, maniveló los instrumentos metálicos con un estruendo de aldabas carpenterianas.
Tensa y tendenciosa, resonaron sus chillidos automatizados. La radio los convertía en hondos sollozos. Los depósitos de furia siguieron desbordándose – ellas brotando --.
Un cohete-garfio, comprado al enemigo a precio de espanto, partió como un puñetazo rectamente encaminando, giró, se perdió entre las altas constelaciones, se precipitó… Desgaritadas las estrellas se esrtrellaron.
Tronaron los estruendos de un himno trontón: Era la mañana, configurada a una patada de la madre quien, nuevamente enchunflada, giraba ahora alrededor de sus espléndidos espejos plásticos intangibles e inconcebibles, donde se reflejaba hasta la minima trayectoria de una hormiga de bronce – curioso artefacto mecánico que la madre dejaba suelta a la entrada de su habitación.
La elegida acarició el curioso artefacto intransferible y contempló la esfera que la reflejaba enfurencida.
選ばれた女が、他人に譲渡できないこの人工物を愛撫して、激怒を映し出す球面を見つめた。
La tierra, esfera puntillante, la tierra, horror girante, creyó, multicolor, oír decir a su alrededor; entonces, marcial y multitudinaria, marmorea y emulsionada, congestionada e irrompible, emitió nuevas órdenes irrevesibles; convocó a una plenaria, y a planazos, plena deplegaba ante el plano sus planes…
Así retumbaban las patrióticas llamadas y al son de este clamor patrio la muchedumbre danzaba.
こんなふうに愛国的な呼びかけは鳴り響いた、そしてこの祖国の歓呼の声のリズムに群衆が舞った。
Enfurencidas se proyectaron por todas las regiones las legiones de héroes que antes de ser llamadas se presentaban, que antes de ser solicitadas ya estaban alistadas.
Ellos seguían alejándose y atravezaban ya el campo de minas diseminadas. La madre, planetaria y patricia, pataleó, patriarcal y patibularia, en la plataforma de los propósitos prominentes, amenazando con un cataclismo.
Las legiones partieron hacia todos los abismos.
Regresaban ya los pájaros rampantes, regresaban ya los buceadores exterminantes, regresaban ya las plataformas circulatorias y ambulantes comisionadas de proyectar hasta la más ligera circunvolución en la concatenación de la circulación de los infusorios y las holoturias.
Fue la furia.
Férrea y resoluta, armada, alarmada y alambicada, ella, aferrada al fárrago de las fatídicas informaciones, ocre y parcial, inoxidable y lacrada, enjaezada con todos los andariveles rechinantes, terca y atornillada, autógena y autoritaria, palada al rape, enfática y linfática – no concebido tal escape--, tomó el plano de los meridianos estratégicos, la esfera y el cuadrante, saltó hacia adelante, y ya ante el proyector popular, declamó atlética y eclética, hípica y épica, entre un bufido de pistones relampagueantes, su furia circular y mutifacética…
Era ya inútil simular. Inútil ya que los oficiosos oficiales y transformanoticias de oficio desplegasen su afamada eficiencia, afanándose en convertir las maldiciones en conmovidos lagrimones: Autónoma y napoleónica, ella, neumática y saltaría, desafinada, truculenta y trucidante, drástica y sarcástica, acústica y elástica, trajinaba trotona. Ríspida y rimbombante, a un clin de sus aldabas concomitantes, partió hacia la Desolación Norte La Legión Triturante… Se estremecieron sus circuitos reconcomitances, y hacia la Desolación Sur partió la Legión Achicharrante.
Finalmente, ya en uniforme, a un trueno de sus torniquetes concatenantes, conminó con su informe en forma alarmante, a los que aún no se habían dedicado a la persecución incesante. Los oficiales artificiales tomaron notas del pronunciamiento eminente de su eminencia, y en un instante, con impaciencia y entereza, borrando toda traza de pereza, se encasquetaron la fulgurante coraza.
Pero ella asaz contumaz gritó más y aviesa y traviesa, cocoquímica y cacofónica, condecorada, en la cumbre del cuqueo cloqueó corajuda y todo sucedió como su encasquetada y quisquillosa cabeza cuidadosa cubicó. Fue el despelote y el despellajamiento. Una ola de furia atomizada cubrió la ciudad previniendo que alguna alcantarilla antipatriótica pudiese dar cabida a los fugitivos.
Las barreras termonucleares «peinaban» la tierra y chasquido de cada chillido era cuidadosamente sometido, examinando y diluido. Asimismo, ante el sismo, ante las mismas miasmas ensimismadas abismadas en el abismo, fueron nuevamente re-envasadas, tamizadas y (ya inspeccionadas) lanzadas.
En tanto, la madre, abrumada, y brumosa, lóbrega y clériga, deforme y siempre de uniforme, en la última plataforma, vigilada insomne lo insondable… Pero ellos atravesaron las zanjas y los guardapatrias, la oficiosidad de los fosos oficializados, los obuses en sus diversas fases, los impertérritos perros y las torres esterilizadoras, aterrantes,
Ante la misma madre que militante y relampagueante contemplaba las explosiones, un cohete rayó el cielo, exploró siete galaxias y se deshizo en una llamarada de estridentes frustraciones. Ante ella que, tajante y alucinante, letal y fatal, sobre la plataforma monumental echaba centellas ya a punto de soltar el grito, un arma verde-furia embistió el infinito y lo redujo a aerolitos.
Ante ella, tronante y al borde de un cataclismo, un puño de hierro taladrante pleno de energías descomunales, derribó mil planetas que como una corta lluvia de fuegos artificiales cayeron sobre sus tetas y se esparcieron por el abismo, nublando las nebulosas…
Sí, porque había perros. Los árboles ya habían sido liquidados, borrados no solamente de las regiones y las fotografías sino también de la zona conservadora de la memoria – ese artefacto reaccionario -.
Árboles, insectos, todo verdor o rumor natural. Pero por una resolución ministerial, aprobada en pleno por el consejo mundial y hasta por la ideología imperante en el campo enemigo, el perro (¡loado sea!) fue considerado con el símbolo inmortal de lo que en términos sociales se llamó «un buen estrangulador del sistema universal».
El perro (¡loado sea!) tiene que ser el ejemplo que todos debemos imitar; el perro (¡loado sea!) que siempre se inclina cuando se le patea, el perro (¡alabado sea!) que se le amarra una soga al cuello y feliz, atado, al paso del que lo conduce se pasea.
El perro (¡glorificado sea!) que si se le lleva el árbol artificial para ser ahorcado, la cola, humilde menea, ¡El perro! ¡El perro! ¡El perro! SEAMOS COMO ÉL, decían las grandes electro-pancartas interplanetarias opacando el brillo de las remotas constelaciones.
¡SEAMOS COMO ÉL!, decían las luminarias resplandecientes, las letras fluorescentes y perennes, sobre las cuales se recortaba, alegre y sumiso, optimista siempre la gigantesca figura del perro (¡Inmortalizado sea!). Ideal al que todos debemos aspirar.
Meta final para todos los que confían en el gran amor de Mamá Trimotor:
三発動機の母の偉大なる愛を信頼する者たちの最終目標:
1) Madre prenatal.
2) Madre artificial.
3) Madre fundamental.
1) 出生前の母。
2) 人工の母。
3) 原理的な母。
El anteproyector de un campo de concentración convertido ahora en campo concentrado, desfiló tenso bajo los pies de los que se ahuyentaban. Pero no los descubrió. Él miró la ciudad en llamas; ella, sus ojos llameantes… Pero he aquí que la madre, mecánica y ecuménica, es decir, copérnica y avérnica, térmica y epidémica, manipula la palanca de El Incinerador de Esperanzas de Todo Tipo, y ya, dinámica y administrativa, azota, hosca y tosca, el vasto campo calcinado.
Ellos, viendo la desolación hollando sus huellas mientras se ahuyentaban, oyeron también el aullido de la madre quien bambollera y bullanguera bolluna y boyuna, aunque épica y púdica – típica – pedía a gritos la captura sin dejar de aullar; entonces…
Pero, ¿y ese bramido?, ¿y ese estruendo?, ¿esa horrible forma de narrar, ese ahogado y furioso tranquetear, ese avanzar enfebrecido y reiterativo, esos gritos, esas aleaciones, esa manera tan horrible de contar, será lo que habrá, si acaso, de quedar?...
Hasta ella, la sin par, altoparlante y pendenciera, llegó este parlamento exasperante. Entonces, Mamá Gangarrias, garantizadora de nuestra gravitación, única experta en grajos, primera carraspeadora, atragantada hizo gárgaras y su gorgoteo incandescente repercutió repelente.
Tórrida y torrencial, procelosa y sinuosa, encapotada y diluviante, eliminaba explanadas, huecos, canales, fuertes y contrafuertes, borraba torres, morros y guijarros. Parametizadora sin par, todo lo igualaba. Y, única gran cigüeña, a un movimiento de sus cigüeñales, aumentaba, por su acaso, el acoso en el conciente de la Alta Comisión Experta en Llantos y Sonrisas Ilegales.
Así, oligárquica y oligofrénica, uniformada y centrípeta, cuadrada y lapidaria, autónoma y termodinámica, pero atónica y tonitronante, irrumpe en el Palacio de las Proyecciones, ve el girar de las naves fulminantes y ordena la destrucción de la mitad de la tierra, ordena, también incendiar la luna y la extinción de ocho satélites artificiales creados con intenciones publicitarias en el Año de la Gran Armonía Interplanetaria…
A un chasquido, los astros silbaron y se esfumaron. Entonces, atolondrada y telúrica, se asomó a las esferas atómicas y vio a la muchedumbre delirante que, en medio del fuego, la aclamaban y seguían persiguiendo a los traidores.