No bastara con decirme: Sen^or!, Sen^or!, para entrar en el reino de los Cielos; mas bien entrara el que hace la voluntad de mi Padre del Cielo. Aquel dia muchos me diran: Sen^or, Sen^or!, hemos hablado en tu nombre, y en tu nombre hemos expulsado demonios y realizado muchos milagros. Entonces yo les dire claramente: Nunca les conoci. Alejense de mi ustedes que hacen el mal! Si uno escucha estas palabras mias y las pone en practica, diran de el: aqui tienen al hombre sabio y prudente, que edifico su casa sobre roca. Cayo la lluvia, se desbordaron los rios, soplaron los vientos y se arrojaron contra aquella casa, pero la casa no se derrumbo, porque tenia los cimientos sobre roca. Pero diran del que oye estas palabras mias, y no las pone en practica:aqui tienen a un tonto que sonstruyo su casa sobre arena. Cayo la lluvia, se desbordaron los rios, soplaron los vientos y se arrojaron contra esa casa: la casa se derrumbo y todo fue un gran desastre.} Cuando Jesus termino este discurso, la gente estaba admirada de como ensen^aba, porque lo hacia con autoridad y no como sus maestros de la Ley.